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23 abril 2009

Rafael Pérez Castillo: en el libro de los Hechos de los Cofrades de Ayamonte, consta, con firmas y testimonios: “que Cristo se entierra dos veces”.

Ángel León/Rafael Pérez Castillo/DonaldPress


Siguiendo con las crónicas y estudios hechos en profundidad por nuestro querido amigo y compañero de viaje por el mundo, a través de “Internet” bien utilizado, como suelo decir yo habitualmente.
Rafael Pérez Castillo, nos ofrece hoy una nueva e interesante entrega en la que nos va a revelar lo que hemos querido destacar de alguna forma, y por supuesto siempre con el único interés, de llamar vuestra atención, en cierto modo, un tanto especial, queridos ínternautas del mundo entero que, a través de estas redes sociales, tan maravillosas, para las que escribimos habitualmente, os surjan, con el mejor sentido de la palabra, la curiosidad de enterarse del ¿Por que?, de estos titulares tan llamativos… “en el libro de los Hechos de los Cofrades de Ayamonte, consta, con firmas y testimonios, que Cristo se entierra dos veces”.
Por supuesto que de una forma literal, en Ayamonte pueden ver a cual más bonitos dos Hermandades que nos muestran ambos cortejos fúnebres de Cristo, una vez muerto.
Creo que lo mejor es que entremos, directamente a analizar estos titulares que nos muestran “el doble entierro de Cristo” en la tarde, noche del Viernes Santo en Ayamonte y entrando practicamente en la madrugada del sabado santo:

JESÚS DESCIENDE,
EN LAS ANGUSTIAS “DOLOR” DE ENTIERRO.

SEPULCRO EN “SAN FRANCISCO”,
DUELO DE SOLEDAD

Doy por cierto que no existe otro lugar en el que en la tarde del Viernes Santo procesionen dos Santos Entierros. Siendo Andalucía el “continente” más importante en el mundo de la Semana Santa, en Andalucía, no me consta se dé tan singular circunstancia exceptuando, es obvio, Ayamonte.
Pues en Ayamonte, donde Jesús ha padecido en la complaciente rememoración que de su sacrificio se ha hecho, como si se quisiera fortalecer la certeza de su muerte, a falta de certificados de defunción, o de documentos gráficos, se le da dos veces sepultura, en dos duelos sin precedentes que siembran perplejidad en quienes sin saberlo nos visitan, e incluso en nuestros propios hijos que, llegados a su edad de los porqué, movidos por la curiosidad indagan de incisiva manera. El hecho de doble entierro, doble muerte, implica que se establece una importantísima premisa que, en el sentir cofrade, refuerza y dobla el valor de la Resurrección.
Para deshacer las divagaciones o los estudios que, por vía racional, lo contemplen ciertas minorías que quieren distraer el acontecimiento de la Resurrección y, como consecuencia, poner en duda todos los argumentos que sustentan nuestra fe, en el libro de los Hechos de los Cofrades de Ayamonte, consta, con firmas y testimonios, que Cristo se entierra dos veces.
¡Importante e insólito argumento de base para los Pregoneros!
¿Puede ser que La Villa a La Ribera, o La Ribera a La Villa, se disputaran ataúd, mortaja y sepulcro?
P
ues, ¡como hiciera Salomón!, pero esta vez con la muerte, Ayamonte, en el más puro y filosófico de los raciocinios, pone en escena la solución, por manifiesta, más irrefutable.
Desde la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias, donde está establecida canónicamente, sale la Pontificia, Real e Ilustre Hermandad Sacramental y Archicofradía de Nazarenos del Santo Entierro, Descendimiento de Cruz y Nuestra Señora del Mayor Dolor.
E
s el primero de los duelos.
Esta Hermandad, fundada en 1892, consta de tres extraordinarios pasos a los que arropa un importante número de penitentes negros con cíngulo amarillo, que llevan escrito en la parte delantera del antifaz la palabra CHARITAS (caridad), y sobre ella una corona real.

Abre el cortejo una mesa de descomunales dimensiones que refulge en el oro nuevo de su canasto, rematado con crestería, e igualmente en los respiraderos, y que da suelo de “calvario” suficiente para la distribución de las seis imágenes que conforman el Descendimiento de la Cruz, importante y magnífica talla de José Planes Peñalver del año 1948, que recientemente ha sido restaurado por María del Carmen Sánchez Ruda. Hace estación de Penitencia portado por sesenta costaleros en sus trabajaderas.

¡Plaza de la Laguna y Paso del Descendimiento! Binomio para ser ganador de todos los concursos: poesía, fotografía, pintura, escultura, interpretación… ¡Gloria! Ese es el trofeo. La magnificencia del conjunto expresando – ¡y de qué modo! – la grandeza de Dios, se deja notar en su caminar por nuestras calles; unas calles ya muertas del todo, que ensanchan sus trazados y separan balcones y terrazas, para que el único brazo que a Jesús le queda extendido no sufra daño alguno y se vea, con claridad, cómo va señalando situaciones que son caminos. Por ellos habrá que pasar.

Sigue la Urna llevando el Divino Cadáver.
¡No sé cómo este Cristo está muerto!

Nuestro paisano Antonio León Ortega, como si un regalo de Ayamonte fuera, deja caer levemente el rostro de Jesús en una forma magistral de expresar el sueño, la vida o la muerte. Y toda la delicadeza de su gubia creadora habla como si Ayamonte hablara para decir que Cristo está muerto.
El paso es de estilo gótico flamígero florido. En las esquinas, remate de cuatro capillas con los cuatro evangelistas. Sobre la mesa escoltan la canastilla ángeles custodios y en el remate capilla con custodia. Luz en cuatro candelabros de seis brazos.


L a composición total tiene las siguientes autorías: Urna, canasto, candelabros y respiraderos, de Manuel Guzmán Bejarano. Ángeles custodios de Luís Ortega Bru. Dorado y cartelas de Luís Barrios Herrera.

El paso de Virgen, no se sabe si es como una larga calle por la que la Señora viniera caminando y sólo se viera su final, o si algo especial hubiera nacido en la cerviz del costalero y todo su esfuerzo se resumiera en pies de ángeles.

¡Ahí viene la Virgen del Mayor Dolor!
N
o me atrevo a escribir o narrar de su rostro. Aparte mi torpeza, es un desafío a la riqueza de nuestra expresiva forma de hablar. Salvador Castillejos agotó aquí su herramental de tallar vírgenes, y a lo largo de toda su carrera haría alguna otra imagen de Virgen, o las que fueran; pero es imposible que la madera y sus manos repitieran milagro. En Ayamonte tenemos a la Virgen del Mayor Dolor.
Al paso de la Virgen se le suele llamar “el Palio”.

Pues del Palio del paso del Mayor Dolor, dijo antaño el Pregonero: “ Palio negro de cielo, porque está bordado de roturas hermosas que transparentan la Gloria”.
Una exquisitez de gusto inenarrable es “la Gloria” central bordada en hilo de seda que representa a la Santísima Trinidad. Los bordados de este valioso palio tienen un diseño claramente sevillano que se remonta a principios del siglo XX, y supone un magnífico trabajo sobre terciopelo negro de Lyón, obra de Manuel Elena Caro. Tiene orfebrería barroca repujada sobre metal plateado en la que destacan los varales de peana cúbica y los candelabros de cola de trece brazos. Tanto la saya como el manto tienen una notable antigüedad y, en concreto el manto, ha sido intervenido en varias ocasiones, una de ellas a cargo de las Hermanas Oblatas de Cádiz.
T
odavía la Virgen del Mayor Dolor está en la calle, paseando esa pena cogida de muchas casas de Ayamonte, cuando las puertas del Templo de San Francisco, de la Parroquia de Nuestro Señor y Salvador, de La Villa, no tienen paciencia de estar cerradas y se abren al pueblo que se agolpa en la explanada, en La Plazoleta, para ver salir la Cofradía, y asistir al segundo entierro de Jesús, el Jesús de Ayamonte.

Así es, tal como lo están leyendo; tarde de Viernes Santo y Semana Santa en Ayamonte, un pueblo que se agarra a la manifestación más genuina de su fe atreviéndose a enterrar dos veces a Cristo, para rubricar con la más original de las versiones, la muerte del Redentor en el cenit de su incomparable Semana Mayor.
Con un gentío comparable a las multitudes que seguían al Maestro en Tierra Santa, la gente se acopla en la Plazoleta de San Francisco que, si es visitada por el viento del norte que corre paralelo al Guadiana, ya supone una verdadera penitencia el esperar la salida de la Cofradía; pero ahí está el hecho y, desde que en 1980, la Santísima Virgen de la Soledad saliera con todos sus costaleros de rodillas atravesando el estrecho marco de la puerta, es este momento y lugar, el más frecuentado por cofrades y no cofrades que culminan con una ovación, guines en intensidad y extensión, uno de los trabajos más bonitos que tiene la Pasión ayamontina.
Así, rompiendo el aforo de la madrugada que se acerca y saturando el espacio de La Plazoleta, Ayamonte está a la espera de que la Cruz de guía anuncie a la Muy Antigua, Real e Ilustre Hermandad Franciscana de Penitencia de la Vera Cruz, Santo Entierro de Cristo y María Santísima en su Soledad.
C
omo suele ser norma y manejo de este tipo de nomenclatura, el título así expresado queda para los pergaminos y a los ayamontinos nos basta decir, Hermandad de la Soledad, cuya fundación data de marzo de 1550, y es resultado de la posterior fusión de la Hermandad de la Vera Cruz, hecha por los Marqueses de Ayamonte y la del Santo Entierro que fundaran los Duques de Béjar. ¡Ya está la franciscana Hermandad en la calle!
¿Qué dirían hoy aquellos frailes de los de Ora et labora?
¿Qué sentirán al oír las pisadas de los penitentes sobre sus tumbas?

E l primer paso es el de Cristo de la Vera Cruz. También es el primer Cristo que saliera de la maestra gubia de Antonio León Ortega. Este paso, que antes fuera segundo, hasta que en la Semana Santa de 1960 dejara de salir el del Triunfo de la Cruz sobre el Pecado – Alegoría de la Muerte – ha sido uno de los objetivos exigentes de la Hermandad y, por ello ha estado sometido a diversas reformas de esas que tanto gustan y que están diciendo que ya está bien; pero la última, para mi opinión cofrade, está siendo un llamativo “escándalo” en todos los aspectos. Realizado en los talleres de Hermanos Caballero de Sevilla, es de un barroco para ver con gafas, con cuatro candelabros de once luces en las esquinas y dos en los medios de los costados, con nueve luces cada uno. Todos ellos van dando luz de cera al primer Crucifijo de nuestro paisano que, además, tiene la particularidad de estar sujeto a la cruz por sólo tres puntos de contacto con ella. Los respiraderos son bordados en Mairena del Aljarafe (Sevilla) y llevan estampas de la Pasión. Un derroche de imaginación y esfuerzo que ha completado las partes delantera y trasera, quedando pendientes de su terminación, probablemente para 2010, si el caudal de empeño y las fuentes de generosa provisión no se agotan.
Los penitentes están comenzando a subir “La Barranca” con sus hábitos, nuevos para el desfile desde el pasado año, en que, por ratificación de cabildo y a propuesta de la Junta de Gobierno, la antigua uniformidad de túnica y capa negras con capirucho verde, es sustituida por la túnica de cola y cíngulo franciscano, con los tres nudos que simbolizan la obediencia, la castidad y la pobreza, y que imprimen mayor carácter de austeridad.
Los que han tenido la suerte de estar exactamente frente a la puerta del Templo, han visto el movimiento de mimo y desconsuelo con el que se lleva el segundo ataúd de Cristo, hasta la puerta del pueblo, allí donde la espera es oración bajita, no se oye, sólo unas pisadas que avanzan, nos conectan con la vida. Es confundible la forma de transmitirlo, porque en Ayamonte se suele decir “el Santo Entierro de San Francisco”.
¡Vengan a verlo!
Paso de estilo barroco cuyos respiraderos fueron tallados en 1944 por el ayamontino Francisco Domínguez Rodríguez – Paco el Tallista – y que llevan las catorce estaciones del Vía Crucis, habiendo sido éstas, talladas en alto relieve, en Barcelona. El dorado y policromado fue realizado por Carlos Bravo Nogales, al igual que los cuatro candelabros – farol en el centro – de ocho luces cada uno que datan de 1948, año de la restauración de la urna.

El Cristo Yacente, se sitúa en el siglo XVI y es atribuido a Ocampo. Posteriormente, en 1937, nuestro paisano, León Ortega, efectúa la reconstrucción de la imagen a partir de la cabeza.


En un silencio luctuoso, las Hijas de Madre Angelita, vigilantes del sepulcro eucarístico pueblan, en blanco de tocas, las ventanas desde las que se despide a Jesús. La Ribera se serena reflejada en su estero, y todo lo duplica el espejo del río.
Ayamonte se afana en ir cerrando la noche.
¡Y la Soledad!
Salió de rodillas la Virgen y llenó de soledad las calles. La Virgen de la Soledad, en su paso de palio con suelo de azahar, lleva una pena que nadie entiende. Mirarla y encontrar en sus ojos la respuesta, es cuestión de la fe que en ella se tenga.
La Virgen de la Soledad es de autor anónimo, siendo la actual una reconstrucción sobre la imagen antigua, que hiciera Antonio Castillo Lastrucci.
Se puede estar mirando a la Soledad y, de pronto, no verla. Lo quedo de su caminar y lo sutil y sublime de la forma de levantarla, dan nombre propio de buen hacer a su cuadrilla de costaleros. Los hombres que lleva la Soledad debajo, la sienten como algo más que propio y no conciben el hecho de estar fuera de la trabajadera. Son una familia y, a la vez, cada uno de ellos ha involucrado a su familia, convirtiendo a María en su Soledad en permanente invitada en sus hogares.

Manto, palio y saya bordados con oro fino sobre terciopelo negro en 1919 en los talleres de Juan Bautista Gimeno. El palio ve su terminación en 1956 de las manos de las Hermanas del Convento de Santa Isabel. Los varales llevan en su basamento las imágenes de los doce apóstoles en oro, destacando considerablemente sobre la plata repujada. En el centro del respiradero frontal, hay una capillita con la Virgen de las Angustias tallada en madera y policromada por Carlos Bravo Nogales. Junto a la Virgen, dos ángeles grandes – 80 centímetros – del año 1800, en madera policromada, portando faroles de plata.
En el año 2000, la Virgen de la Soledad es coronada canónicamente. Para tal motivo el manto fue restaurado y su bordado se pasó a nuevo terciopelo. La corona, realizada en los talleres de Villarreal de Sevilla, está hecha con el oro y la plata que donaran sus hijos ayamontinos.
Aquel ocho de julio tiene lugar rojo en el almanaque que cada cofrade lleva en su corazón. Ayamonte entero estaba en el Paseo de la Ribera, con un palio de cielo azul sostenido por palmeras, y hasta el Paseo de la Ribera descendió la portada del Templo de San Francisco familiarizando a la Virgen con el acto. La solemnidad de la Coronación estuvo precedida de la voz del Pregonero que, para ese día pedía

“Mi imaginación, Señora, montará tu paso con un palio blanco.
Quiero que las lágrimas de las promesas se hagan palmas y pasillo de sonrisas camino de La Ribera.
Quiero que las filas se llenen de penitentes niños entonando canciones felices de su infancia.
Quiero que la Virgen lleve un Ayamonte chiquito en sus manos.
Quiero que vaya guapa y acicalada, recién peinada en las aguas del Guadiana”.
Todos los Viernes Santos, la Virgen de la Soledad, que se sabe las calles de memoria, deja escrito en sus paredes los mensajes de la Madre, y Ayamonte, que sabe de glorias y penas se lo agradece en un “hasta el año que viene”, cuando, entrada la madrugada, vuelve a la Plazoleta y cierra las puertas de “San Francisco”.

Rafael Pérez Castillo(210409)

Todas las fotos de este artículo corresponden a los maravillosos y bien conservados:
ArchivoDonaldPress/mojarrafina.blogia.com a quienes agradecemos desde aqui su gran colaboración. Gracias de forma muy especial a mojarrafina.blogia.com

15 abril 2009

Rafael Pérez Castillo desde Ayamonte, nos describe la “Madrugada” cofrade: Padre Jesús y “La Villa” Reunión de Familias.


Ángel León/Rafael Pérez Castillo/DonaldPress

Como no podría ser menos, al igual que en todas partes incluida la mismísima Sevilla, la “Tierra de María Santísima” a pesar de que, cualquier día es bueno de la Semana Santa, para ver unas bellas imágenes y unas hermandades maravillosas y diremos que como sabemos todos “los amantes” de la Semana Mayor, deberíamos “crear” una semana especial de nueve días, para que estuviesen dentro de ellas, hasta las Hermandades de las Vísperas que, también tienen su encanto y aportan algo tan positivo como: el fervor, la devoción y la forma tan especial de “volcarse barrios enteros” con sus también hermandades, le pese a quien le pese…
Ya que lo importantes es llegar a Dios y todos los caminos conducen a EL y a su Hijo Jesús Triunfante: desde entrando en Jerusalén, en esos grandiosos Misterios,- que nos ofrecen casi todos pasajes de la gran y grave “injusticia” que tuvo que soportar por hacerse HOMBRE – con mayúsculas – con: la Cruz al hombro, clavado en ella antes y después de morir, siendo enterrado, para después resucitar Triunfantemente al tercer día, como recogen las Sagradas Escrituras. Jesús Cristo, bajo cualquier Advocación…
Por supuesto también a su Stma. Madre la Virgen María, venerada bajo cualquier Advocación…
Una vez aclarado estos puntos y dicho de una forma amplia que, todas y cada una de las Hermandades son muy importantes.
Tenemos que reconocer que la Madrugada del Viernes Santo en Sevilla, sin menos preciar a ninguno de los demás días es “Algo Muy Especial” que, debemos reconocerlo todos los COFRADES y eso lo muestran cientos de encuestas y estadísticas…
Bueno y pienso que para ser un prologo, bastante he escrito por hoy y lo he hecho sin citar ninguna Advocación. Porque reconozco públicamente que TODAS LAS HERMANDADES tienen sus fieles hermanos y Jesús Cristo es uno y la Stma. Virgen en sola una y desde aquí, os animo queridos amigos COFRADES a velar cada uno por su propia Hermandad y todos por TODAS.
A
hora veamos que nos dice nuestro buen amigo Rafael Pérez Castillo desde la bella Ayamonte:


PADRE JESÚS Y “LA VILLA”,
REUNIÓN DE FAMILIAS.

L
a madrugada del Viernes Santo, en Ayamonte, es de día.
La Amargura entró en su casa, pero no cerró las puertas ni puso fin a la jornada de vivencias de nuestra Semana Santa. Justamente a las dos de un viernes que acaba de comenzar, unas viejas hojas de madera antigua, goznean con la alegría de alumbrar a Dios a la calle.

¡Se trata de Padre Jesús!

Es muy difícil digerir la idea de que todas las Cofradías son iguales. Empezamos por anotar que no se trata de una Hermandad, es la única Cofradía a secas de Ayamonte, porque todo es absolutamente único; tan los es, que le sobran los nombres y adjetivos con los que se quiera resaltar en la escritura, en los periódicos, en las revistas, en los reportajes y, en general, en cualquier medio en el que se difunda el compromiso tácito que con Ayamonte tiene Padre Jesús. ¡Padre Jesús es Padre Jesús! Lo lamento por quienes puedan esbozar una sonrisa, porque los comprendo, por fuerza han de ser allende nuestros límites, y jamás vivieron el día que supone la noche de Padre Jesús.
Escribiendo con rotundidad, me responsabilizo de mi decir cuando afirmo que, primero que nada, Padre Jesús es ayamontino, pero luego, luego Padre Jesús es cuneto. A su sol, nunca se podrá hablar de sombras, se han criado, educado, comido, y vestido, niños y niñas que hoy son hombres y mujeres de bien, que carecían de condiciones de crianza, de ambiente educativo, de despensa con capacidades de atención, y de una sastrería al corte, capaz de vestir a personas que van a desarrollar un perfil especial. Cierto que también algunas ovejas fueron negras. Todo esto lo pudo el cumplimiento de los objetivos que daban sentido a una generosa Fundación ayamontina, el soporte de una institución, y el amor desmedido de unas Hijas de San Vicente de Paúl que daban y administraban lo que tenían y que, con sus defectos y virtudes, ocuparon en mi vida y en la de miles de niños, el espacio de la madre. Quienes hoy no sepan decirle, ¡gracias! creo que están desacertados con el tipo de valoración que emplean.
Amigos, hermanos de techo y soledades, contabilizad así, y nadie tendrá dudas:

DABAN LO QUE TENÍAN.
Esta afirmación está repetida, pero es el escudo de la verdad que defiende a unas santas mujeres que no han sido bien tratadas, en el final de su misión en la Casa Cuna. Y no había más, pero llegó un tiempo en el que la educación – nuevas técnicas, corrientes y factores sociológicos – reclamaba, en justificado y subido tono, una reforma radical de este tipo de establecimientos, sin estar pidiendo que desapareciesen y que se prescindiera de las Hermanas de la Caridad sin mucho ruido, algo así como final de contrato. A quienes estuvieron en esa rescisión, decirles que se trataba de rehabilitar, y no de destruir. Sobre la promesa de una reforma, nos dejaron un solar; y se quiso indiferenciar la Gloria, que es lo mismo que sembrar el olvido, pero ahí, justo en esa encrucijada, estaba Padre Jesús. Más adelante, diremos cómo.
La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro no existe en ningún otro lugar, por muchas historias que se cuenten. Su fundación está comprendida en un intervalo antiguo, tanto como 1596/1604, y de las autorías casi no se puede hablar. Se cree que Padre Jesús se identifica con ciertos rasgos, aztecas o cubanos, que lo encajan en una posible donación fervorosa de algún ayamontino colonizador. Se comenta de su presencia en una de nuestras más céntricas calles y de la casa en que vivió, pero nada se da como origen definitivo al que unir tan entrañable y querida historia de amor ayamontina.
La Virgen del Socorro, que ni sonríe ni llora, pero tiene lágrimas y son de las madres de Ayamonte, se atribuye al escultor italiano Giacome Valandi. La noticia acerca de esta atribución, me parece estar seguro, que llega de la mano del fallecido artista local Don José Vázquez Sánchez, cuyas razones técnicas o de procedencia nunca han estado totalmente confirmadas, por lo que para los ayamontinos, no existe problema alguno, la Virgen del Socorro es nuestra y, ¡fin del capítulo!
La vida de Padre Jesús y su Madre, es la vida de Ayamonte. Mi mente proyecta borrosamente una lejana procesión que apenas entendía.
Parece que fue ayer cuando unos niños de la Casa Cuna, cargaban su cruz pequeña, la que se veía, sus ciriales y sus incensarios; y unos hombres, ya mayores, revestidos de túnica y situados delante del paso del Señor, protagonizaban “la burla” con sus viejas y ruidosas trompetas. Cincuenta metros por delante , otro de aquellos hombres, llenaba las calles con el ruido de la matraca. Era Colijo. Se despertaba al pueblo porque venía el Señor. Días antes, unos emisarios de la Cofradía, hábito morado y vara de madera, pedían ayuda económica por las casas: eran “los votitos” de Padre Jesús. Las cosas han cambiado, pero Padre Jesús, sigue igual. La Cofradía mantiene sus características esenciales. En muchos casos, las túnicas siguen heredándose de padres a hijos; ropa de gloria y honor, morada para el Señor y negra para la Virgen, con corona de espinas sobre la sien.
Seis horas antes de que se produzca la salida de la Cofradía, recién puesta en la calle la Hermandad de la Amargura, se hace la convocatoria de las cuatro remudas de “cargaores” de cada paso, es como pasar lista, pero mucho más sublime, puesto que desde el inicio de tan numerosa reunión, además de que los capataces controlen las posibles novedades que hubiere, tiene lugar el rezo de “la Salve”, empezando en la Capilla del Socorro ante los pasos ultimados en todos sus detalles. Largo y ancestral poema de cariño y tradición dedicado a la Virgen, que también se repetirá en la Iglesia de San Francisco, en la Parroquia de las Angustias y en la Iglesia de la Merced, con esa música borrosa y vieja, cuya partitura se va reescribiendo según van naciendo los ayamontinos.

Dios te Salve, aurora bella,
Madre del Dios del Carmelo.
Hija del Eterno Padre,
Madre del Divino Verbo

P
articipar en este acto es como saborear una bella lección de Moral, Teología, Marianismo, o no se sabe qué extraña y desconocida ciencia del Tratado de la vida del hombre ante la grandeza de Dios.
Es llegada la hora. En la calle Galdames, siendo como es de larga, es muy difícil encontrar sitio. Los que están más lejos tienen la conformidad de decir que, de lejos se ve mejor; en verdad, no importa porque Padre Jesús sale y llega a todos. Su paso, ascua de oro en la zona oscura de los relojes, es un evangelio de esfuerzo, zarandeado con fe en la noche más de Dios que tiene Ayamonte.
En el desfile, no hay música, ni acompañamiento de autoridades eclesiásticas o municipales u otro orden. En todo el largo itinerario, sólo están Cristo, María y Ayamonte. Los pasos, que no responden al esquema habitual, y que pueden catalogarse en capítulo único, son de una esplendidez indescriptible, y sus zancos los constituyen los cuerpos humanos de los “cargaores”. Veintidós hombres repartidos en dos maniguetas laterales, y ocho varas, entre frontales y traseras, para los de más experiencia, que son los que portan unas horquetas de hierro, único punto de apoyo en las paradas, cuyo contacto con el suelo es el acompañamiento musical, exclusivo y característico que, a mucha distancia, va avisando: “ya viene Padre Jesús”.
Es necesario aclarar que nadie se olvida de la Madre, ocurre que está en el Señor, al darse por sentado, que Padre Jesús, es el resumen de Ayamonte y, por tanto, el dolor y los sufrimientos de la Madre más representativa, de la Virgen del Socorro, es la muestra de cómo sienten y sufren las madres de Ayamonte, y hablan de ello en la soledad de la Capilla del Socorro, en visita de viernes, cuando abren sus libros de madre, y los ponen ante María del Socorro, que los hace suyos y los manifiesta en un pucherete indescriptible, mitad pena y mitad pena, que reúne la poesía inédita y sencilla del pueblo que está herido.
¡Y también alegrías!
Primeras comuniones, bodas, proyectos, ilusiones, oraciones que son conversaciones propias de los hogares, de los colegios, de las oficinas, de los barcos en los caladeros…, imposible de enumerar! Con este material se sostiene el monumento a la fe que Ayamonte tiene en María del Socorro y en Padre Jesús.
¿Por dónde viene la Cofradía?
¡Eso no se pregunta!
Lo correcto es: ¿por dónde viene el Señor?

Pues el Señor viene por todos los caminos de la Geografía mundial, atrayendo, en esta madrugada a los ayamontinos que un día hubieron de emigrar. Cierto que el Señor va por la calle de la Amargura, que pasa por la Tribuna, que entra en la Iglesia de las Angustias y en la del Salvador, que se asoma al Templo de las Mercedes, pero no menos cierto es que también “está lejos” donde hay un ayamontino que “está lejos” y llora el no poder venir; pero el Señor, ese Señor de nuestra madrugada ayamontina, está en su corazón en un desfile de Amor y paisanaje. Es increíble, sólo Ayamonte lo entiende.
Después de todo el recorrido, Padre Jesús y la Virgen del Socorro permanecen en unas banquetas de apoyo en la puerta de la Capilla del Socorro, y allí comienza “la Rifa” y la Subasta. La Subasta se refiere a las varas de los pasos de la Virgen y del Señor, que llevan implícito el ser sus capataces en la próxima Semana Santa, y que es uno de los honores más grande al que se pueda tener acceso; y la Rifa es como un pequeño mercado de venta de los regalos que ha recibido el Señor, y cuyas cantidades puestas por la puja, son voceadas por personas afectas a la Cofradía, que igual muestran un ramo de flores, un gallo, un surtido de conservas, un chivito, y lo más impensado que haya podido ser ofrecido al Señor y a su Madre. Mientras, todo Ayamonte, y muchas personas fervorosas seguidoras de esta Cofradía y sus tradiciones, comen y beben a la espera de que se adjudiquen las varas, que es el momento en que se recogen los pasos. Padre Jesús y su Madre, de nuevo en su Capilla de la mano de otros capataces que ya portan felices las varas, las mismas que dormirán durante un año en sus casas. Son felices por eso y son felices por haber alcanzado una ilusión, por haber logrado cumplir una promesa de su vida, quizás la promesa de su vida.

Antes, en referencia a la Casa Cuna, decíamos que en determinada encrucijada estaba Padre Jesús. Estaba y está. Está presente en las vidas de quienes hemos compartido techo, comida y cama con él.
El viejo patio, “la Obra”, su nombre antiguo, hoy Pistas de la Villa, es el escenario central de la Rifa. Pues bien, todos los años, todos los “cunetos” que podemos estamos allí y protagonizamos una convivencia sincera, o como mínimo un saludo entrañable, igual que los ayamontinos de Ayamonte la protagonizan con los ayamontinos de Ayamonte que están lejanos. “Noche de los encuentros” llamó un pregonero a la noche de Padre Jesús. Con su permiso, me decanto por “Día de los encuentros” y ahí queda incluido Padre Jesús y todos los demás. Ayamonte y Padre Jesús van al encuentro de padres e hijos, amigos y conocidos que han surcado los kilómetros que los mantenía unidos con Padre Jesús, hasta sentir el contacto de su piel, o encontrar esa mirada que antaño pareciera tan seria y sólo era la mirada del padre que faltaba.
Cuando entra Padre Jesús en su capilla, aún queda enterrar a Cristo, y el pueblo se arropa, aferrado a un descanso reparador, mecido por el ritmo incomparable de la vieja saeta ayamontina que entonaba Gaspar. Sigue entreabierta la puerta, pero todo parece como un sueño de ángeles que quieren vivir en Ayamonte, con la música piadosa de esa “Salve” rancia, heredad de Gloria y fe que se sirve como tratado de cultura, y que sigue diciendo:


A Ti Señora, rendidos,
pedimos todo este pueblo
que nos mires con piedad,
con amor benigno y tierno.

Digamos Ave María
Para que tiemble el infierno.

RAFAEL PÉREZ CASTILLO(120409).


Nota del editor y humilde “prologuista”: Amigo Rafael, ha merecido la pena la espera y “entre nosotros quedan” como pacto entre “buenos caballeros” los 9 puntos del “ya decía yo…”. Como dijo el otro… “más sabe el Diablo por viejo que, por Diablo”.
Y ahora siguiendo la seriedad de este maravilloso artículo tuyo y de todos, a través del como siempre digo yo “Internet” bien utilizado que gracias a la Red de Redes, lo leen miles y miles de lectores o visitantes del mundo entero, a los que les enviamos un abrazo fraterno en ese “Jesús Cristo Vivo” que ha Resucitado Triunfalmente para liberarnos a todos y darnos la gran esperanza.
A lo que iba yo en el párrafo anterior, lo mismo que las Hermanas de la Compañía de la Cruz que fundó esta Santa tan cercana sevillana de nacimiento Santa Ángela de la Cruz que proyecta todo su amor hacia los más necesitados. Me uno yo también a tu mención tan especial, como espontánea y seguro que merecidísima que le has hecho antes a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, porque me constan que hacen también mucho bien hoy en día a favor de los más desvalidos y que no hacen ningún tipo de discriminación en sus colegios.
Mi sencillo, pero sincero homenaje desde aquí a ambas “legiones de ángeles buenos en la tierra”: Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac y las Hermanas de la Compañía de la Cruz, el Gran Legado de Santa Ángela de la Cruz y que ya ha dado un nuevo fruto camino de los altares la "Venerable Madre María de la Purisima", cuyo cuerpo reposa en la Casa Madre en Sevilla, al igual que el de Santa Ángela de la Cruz.
Obviamente los fundadores de estas grandes congregaciones, forman parte de estos Santos que yo vengo en llamar "cercanos", por su gran labor y en el tiempo unos y otros en las buenas obras que solo citar sus nombre, sentimos una gran cercanía.


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