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13 enero 2009

Analizamos “Las Máximas” o flores espirituales y testimoniales de Santa Ángela de la Cruz, en homenaje a Las Hermanas de la Compañía de la Cruz. (VII)

Creo que profundizando cada día en una “Flor espiritual” ó frase escrita con el amor más sincero y puro que profesó desde muy niña “Angelita” hasta convertirse con el paso de los años en Sor Ángela de la Cruz, por el amor a Jesucristo, el Hijo del Padre Dios, llegaremos como no a la Stma. Virgen, la Madre de Jesús y nuestra Madre Celestial… Una vez hecha la introducción, analizamos la séptima frase o “Flor espiritual” escrita por Santa Ángela de la Cruz: “Dichosos los que desprecian la tierra para ganar el Cielo”.
Hoy vamos a analizar una frase que nuestra santa más cercana, escribiera, como siempre, con su pensamiento puesto en Jesucristo y salida de ese gran corazón tan inmenso que demostró tener, por su forma de ser y de vivir los Santos Evangelios, a lo largo y ancho de su vida que, le marcarán cada instante y practicará a rajatabla una ejemplar forma de vivir, guardando ó respetando los Mandamientos de la Ley de Dios y amando a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo, como así mismo. Practicó también: las Obras de Misericordia, las Virtudes Teologales: Ya que vivió en la Fe de Cristo, alejándose desde muy joven de los placeres y comodidades de la vida terrena, dado que se aplicó una forma de vida a semejanza de Jesucristo, con esa sabiduría de la cruz que élla tenía. Practicó la Caridad, reconociendo al mismo Cristo en los enfermos y pobres abandonados, sirviéndolos como humilde esclava y con amor, sin esperar ni pedir nada a cambio. Pero como Dios es justo y bondadoso le dio, la mejor recompensa que podemos esperar, al partir de la tierra, con los “deberes” cumplidos: “El encuentro con Dios Padre” que, nos lo tiene prometido a cada uno de nosotros a final de nuestras vidas.
Démosle las gracias a Dios y que mejor que hacerlo, en la Capilla donde podemos venerar al cuerpo yaciente de nuestra querida Santa Ángela de la Cruz, de 09:00 a 13:30 h y de 16:00 a 19:00 h., todos los días. Allí esta Jesucristo en el Sagrario y en la Cruz y también la Virgen de la Salud. Además de lunes a viernes, a las 17:30 h. Eucaristía. Ven a respirar un aire impregnado de su aroma y recogimiento. Por favor acuérdate de apagar el móvil que, es lo que debemos de hacer antes de entrar a una iglesia.
Nos quedamos hoy con la belleza de unas flores de gran tamaño y que se propagan casi a diario, lo que ocurre que no desprenden olor, pero si se refleja en los pacíficos, la belleza de la creación de Dios.
Hasta esta tarde, si Dios lo quiere que, volveremos con una nueva “Flor espiritual y testimonial”, basada en las “Máximas” que escribió Sor Ángela de la Cruz.

09 enero 2009

Analizamos “Las Máximas” flores testimoniales de Santa Ángela de la Cruz, en homenaje a Las Hermanas de la Compañía de la Cruz (IV).


Creo que profundizando cada día en una “Flor Espiritual” ó “Máxima” escrita con el amor más sincero y puro que profesó desde muy niña “Angelita” hasta convertirse con el paso de los años en Sor Ángela de la Cruz, por el amor a Jesucristo, el Hijo del Padre Dios, llegaremos como no a la Stma. Virgen, la Madre de Jesús y nuestra Madre Celestial… Una vez hecha la introducción, analizamos la cuarta frase o “flor espiritual” escrita por Santa Ángela de la Cruz: “¡Ah, Dios mío! ¡Qué dulces son las penas llevadas por TU amor!
Nuevamente queda de manifiesto la cercanía, sencillez y humildad que tiene nuestra Santa sevillana que, lo demostró en todas y cada una de las etapas de su vida. Santa Ángela en su plan de vida, quedará siempre de manifiesto que, todo está en torno a Dios, hasta el dolor. En cambio nosotros cuantas veces hemos pronunciado o escuchado en nuestro entorno lamentaciones: ¡Qué pena más amarga!, ¡Que amargura!, cuando nos surge algún problema. Sobre todo en muchas ocasiones, cuando nos ocurren desgracias familiares, por ejemplo el fallecimiento de ser querido: una madre, un hijo, un conjugue, un hermano, una suegra… que, aunque nos queda siempre el consuelo de pensar que Dios, se lo ha llevado para el cielo, resulta muy duro por supuesto, cuando es un ser querido nuestro, es más fácil asimilarlo, cuando ese ser no lo conocemos o no nos toca nada, pero siempre al pensar que nacemos, para morir, nos vienen de alguna forma un cierto sentido de conformidad… Pero en cambio, Santa Ángela a diferencia de nosotros, al encomendarse totalmente a Dios y sobre todo al centrar su vida en torno a la de Jesucristo, clavado en una Cruz , hasta morir, para redimirnos del pecado, para libéranos con su Resurrección Gloriosa y ofrecernos así la Vida Eterna. Élla que supo analizar en lo más profundo de su corazón, la vida de Cristo, a través de los Santos Evangelios y descubrió que, las penas mundanas, son más ligeras o dulces, si se ofrecen como desagravio a Jesucristo que, quiso que se cumpliera y aceptó en todo momento la Voluntad del Padre, a igual que María, sintió su corazón, traspasado por el dolor y vivió junto a su Hijo, su Pasión, Muerte y Resurrección. Dándonos ejemplo de obediencia. Por eso ha habido, hay y habrá personas que, como Santa Ángela, sepan ofrecer sus penas y dolores a Jesús y solo así, por amor, podremos llevar las penas con dulzura.
Si estas triste, sientes pena y dolor… Cuando tengas alguna tristeza, acércate a la Casa Madre y entra al Sagrario y ofrécele a Cristo tu dolor y visita por ejemplo la Capilla de Santa Ángela de la Cruz, y al “verla dormida” captarás su dulzura y percibirás una brisa de paz y amor. Allí esta Jesucristo en el Sagrario y en la Cruz que, marcó la vida de “Angelita” desde niña…y por supuesto también se encuentra la bella imagen de Ntra. Sra. de la Salud.
Hasta mañana Dios mediante que, volveremos con una nueva “FLOR ESPIRITUAL”, o “Máxima” de Sor Ángela de la Cruz y a imitación suya, ofrezcámosle a Cristo, nuestros dolores y problemas, tratemos de imitar su amor y bondad.
Hoy nuestras flores son las rosas y verónicas que, las pondremos simbólicamente a los pies de Santa Ángela de la Cruz. Pero también ponemos una postal que hice el verano pasado en la bella localidad de La Alberca (Salamanca).

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