20 enero 2010

Profundizamos nuevamente para conocer algo más sobre el estilo y el carisma de Don Dosco. Hoy hablamos de “La escuela”.



Ángel León/1Actualidad y NCSUR/DonaldPress

Ya falta menos para llegar a la Fiesta de nuestro querido San Juan Bosco y hoy vamos a profundizar en el estilo propio que marcó el fundador de la Congregación Salesiana y que hoy en día, aunque con las adaptaciones lógicas, puesto que han pasado más de 150 Años de esta Gran Obra Salesiana, tendrá mucho que ver este estilo y concepto que los salesianos siguen ofreciendo a sus muchachos, en sus “Colegios” extendidos a Dios gracias por los cinco continentes. Hoy estudiaremos y analizaremos “La Escuela”.

 “La escuela”
 El problema real para los muchachos es la inserción en un futuro digno y productivo para el cual la escuela es indispensable. Don Bosco lo cree e invierte en ello: es el único modo para que sus muchachos salgan de la condición inferior en que se encuentran.

•Jesús dedica mucho de su tiempo a la enseñanza y la gente corre a escucharlo porque tiene palabras cargadas de significado para la vida. No divaga, habla con autoridad y los evangelios son reveladores de un mensaje humano que sobrepasa toda sabiduría conocida.

Don Bosco sabe que debe pedir a sus muchachos un elevado empeño por el estudio porque intuye, en un mundo que todavía no es consciente, que la instrucción es el binario dispuesto para llevar a un umbral* de autonomía libre y consciente a sus muchachos «provinciales», a posibilidades ya no condicionadas por una pobreza invasora, permanente y mortificante. No busca una instrucción cualquiera, sino una escuela «formativa»: si dar a sus muchachos lo último para una profesionalidad respetada y reconocida es básico, también lo es modelar la persona con una propuesta humana y cristiana que actúe desde dentro del estudio y lleve a un nivel alto de conciencia.

Don Bosco instituye una escuela fuertemente orientada hacia el hombre religioso, donde el sentimiento de Dios es indicativo de la perfección que forja al hombre: de esta opción está seguro por los efectos provenientes de su sistema educativo, que ha roto con la rigidez escolástica precedente, liberando a los muchachos hacia nuevos horizontes.

Oración
Querido Señor, ¿soy a veces demasiado exigente con ellos? Me conmuevo ante el empeño de estos muchachos, ante la fatiga que afrontan; han comprendido que el futuro depende mucho de ellos, y será el que ellos sean capaces de preparar: deben poner todo su empeño. Estoy tratando de convencerlos de que la vida es un asunto serio, que si divertirse es bonito, el pan proviene de la renuncia a perder el tiempo. Les deseo el reconocimiento del mundo, hombres a la altura de toda situación. Estudiar, más que un deber es un derecho: aprender es un aventurarse en el conocimiento, un entrar en el significado de las cosas y de la historia; un aprender que apunta a las opciones de la vida: iluminar la mente para hacer bueno el corazón. Querido Señor, es a tu escuela donde sobre todo los dirijo para que si el 10 de latín es importante, lo es más aún un 10 en humanidad: no estará escrito en ninguna ficha de notas, pero vida y muerte lo confirmarán. Señor, ayúdame a guiarlos por el camino justo.

Diálogo con Don Bosco - Don Bosco, hoy la escuela es para todos. Son muchos los muchachos que estudian también con buenos resultados. Pero no es suficiente para el «todo» que sirve en la vida. Te rogamos que se pueda construir, juntos, una escuela que no sea sólo lugar de cultura, sino también de vida, donde los muchachos crezcan en armonía con los propios talentos y se favorezcan las bases para experiencias formativas. Don Bosco, tú has sido también maestro de tus muchachos. Hoy ser maestro se ha convertido en un deber más laborioso, maltratado por la burocracia de registros y actas, por las demasiado fáciles críticas y por la misma competitividad escolástica exigida a los estudiantes. Ayuda a quien emprende esta fascinante misión a tener el entusiasmo y la fuerza necesarios para construir con los muchachos una sociedad mejor.

- Don Bosco, cuando de un aula escolástica se quita el crucifijo es como si se quitasen todos aquellos valores humanos y espirituales por los cuales la escuela tiene razón de ser. Te rogamos que no se caiga en los equívocos de una cultura que, con la excusa de la laicidad, abjura* de los valores espirituales y los sacrifica por el éxito y a la competitividad.

Mensaje
Queridísimos, a veces se sienten resentidos reaccionando contra los salesianos y las hermanas que les hacían estudiar demasiado y no tenían ganas de hacerlo. Han comprendido dos cosas: el valor del sacrificio por una causa justa y que en la vida hay lugar para el deber y para la diversión.

 Entender palabras, del diccionario del estilo aplicado por tan ejemplar Santo, Padre y Maestro de la Juventud, San Juan Bosco:
 * umbral: límite.
* abjura: renunciar a una religión, sentimiento o creencia.

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